Taxi convertido en ‘museo’ de monedas.

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Taxi convertido en ‘museo’ de monedas.

Taxi_Dacia

Un samario exhibe su colección de monedas extranjeras en el tablero de su viejo Dacia 94.

Jairo Cotes Cuisman colecciona monedas de distintos países, pero no ha tenido que esforzarse para conseguirlas porque la mayoría se las han regalado turistas que abordan su taxi en el aeropuerto Simón Bolívar de Santa Marta.

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En lugar de tenerlas guardadas en su casa, este samario, de raíces guajiras y curazaleñas, tiene exhibidas su selección de monedas en el tablero de su viejo Dacia modelo 94, a la vista de los pasajeros, por lo general extranjeros, que sorprendidos con lo que tienen frente a sus ojos casi siempre le dejan una de sus países para engrosar su colección.

Este hombre, que mide 1,98 metros, comenzó su afición en 1996 cuando llevaba y traía turistas de la Quinta de San Pedro Alejandrino. En un principio eran sólo monedas de Colombia, pero luego incluyó las de los países bolivarianos que le daban los visitantes de la última morada del libertador Simón Bolívar.

Con su traslado al aeropuerto, en 2001, la colección fue creciendo

y la variedad de países también. Hoy, tiene monedas de sitios tan lejanos como Emiratos Árabes, Jordania, Israel, Praga, Japón, Hong Kong, Alemania, Eslovenia, Grecia, Australia, Austria, Islandia, Suráfrica, Bosnia, Turquía, Bélgica, Checoslovaquia, entre otros.

También monedas conmemorativas como una de 5.000 pesos del Cincuentenario de la Expropiación Petrolera de México de 1938 a 1988, una de 50 pesetas del Campeonato Mundial de España en 1982 y una de 5 pesos colombianos de los Sextos Juegos Panamericanos de Cali en 1971. Esta última, y una moneda de 50 centavos en homenaje a Jorge Eliécer Gaitán que salió en circulación en 1965, son las únicas que ha comprado.

La más llamativa de su colección es una moneda de 5 centavos de dólar de 1935. “Es la más grande, tiene un búfalo en una cara y un indio piel roja en la otra”, dice Cotes, de 57 años. Otra de las rarezas es un franco de 1944, que data de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque a veces los viajeros no quieren subirse a su taxi porque es el más viejo de los que prestan servicios en el aeropuerto, apenas ven su colección quedan fascinados. “Es quien más carreras hace en el aeropuerto. Si viene un extranjero y ve las monedas se monta porque le llama la atención”, cuenta William Altafulla Novoa, compañero de Cotes.

Gracias a su colección numismática, Cotes se ha ganado el reconocimiento de los turistas y ha logrado cultivar su vocación innata de guía turístico: lo contratan para viajes directos a Cartagena, el parque Tayrona e incluso el Cabo de la Vela (La Guajira).

Pese a que no sabe con certeza cuántas monedas tiene, está seguro que su colección es muy valiosa. “No alcanzo a tener una cifra exacta, después de 150 perdí la cuenta. Las que tengo más repetidas son las de euros, yenes y dólares que son las que más valen. Entre más cuesten mejor porque dicen que este carro es europeo”, afirma y suelta una carcajada.

Su más reciente adquisición es una moneda del Bicentenario de Argentina, que le obsequió uno de los periodistas de ese país que vinieron a cubrir el encuentro de los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y Venezuela, Hugo Chávez, el pasado 10 de agosto en la Quinta de San Pedro Alejandrino.

Pero la moneda que más ansía tener en su colección todavía no ha salido en circulación. Le gustaría que el Banco de la República sacara una conmemorativa de los 500 años de Santa Marta por ser la ciudad más antigua de Colombia, o de la Catedral Basílica que es la más antigua de Suramérica. “Para mí sería un orgullo que esa moneda circulara como un recordatorio”.

Fuente: http://www.eltiempo.com/

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